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En la comarca septentrional del extenso y viejo Valle de Cabuérniga,
cuya mención más antigua como territorio administrativo
aparece en el 824, en la carta puebla de Brañosera, se fueron formando,
aproximadamente hacia
el año 1000, una serie de lugares y aldeas llamadas Barcenillas,
Lamiña, Ucieda y Ruente, cuyo proceso constitutivo habría
de generarse a través del asentamiento de colonos y labriegos en
las proximidades de las viejas iglesias y monasterios.
De algunos de ellos nos ha llegado lejana noticia documentada, tal como
en 1085, sobre el de Santa María de Ucieda, dependiente del monasterio
de Cardeña, en el propio lugar de ese nombre, del cual conservamos
mención escrita sobre la posesión de heredades por parte
de la abadía de Cervatos, en el año 999. Pero aquella vinculación
de Cardeña se generaliza al resto de las localidades, como lo comprobamos
en el lsiglo XII con respecto a la iglesia de Santa María Magdalena,
de Ruente. Otras vinculaciones aún más antiguas aparecen
mencionadas en los textos altomedievales. Así, la dependencia de
San Fructuoso de Lamiña al Infantado de Covarrubias.
El proceso señorializador que toma el relevo con el protagonismo
económico y administrativo al régimen de abadengo convierte
aquellos lugares, de gentes libres y de condición de behetría,
voluntariamente ligada a los vínculos de naturaleza locales y dependientes
de la poderosa casa de la Vega, que junto con la de Castañeda,
comparte el vínculo señorial sobre los vecinos de Santillán
de Ucieda, segun constatamos por el Becerro de las Behetrías de
1351.
La
vinculación a la casa de la Vega aparece plena ya en el Apeo de
1404, tanto para Santillán de Ucieda como para Santa María
de Ruente. Y en el inventario de bienes de doña Leonor de la Vega
realizado en 1432, junto a Ucieda y los otros grandes lugares del valle
se incluye Barcenillas, cuyos vasallos labradores pagan el tributo de
"montazgo", manifestación evidente de la riqueza de aquellos
montes madereros que habían de ser explotados por las serrerías.
En el "Catastro de Ensenada" (1753) se detalla precisamente
la riqueza de los bosques y pastos comunes y de las tierras donde se siembra
maíz, alubia, lino y nabos, complemento de la riqueza ganadera,
el medio de vida de aquellos labradores del Real Valle de Cabuérniga.
La presencia romana ha dejado su impronta en las vías. La conocida
como via del collado de Somahoz, que conduciría hacia el valle
del Saja por Palombera. Este camino
se bifurcaría a la altura del lugar de Las Fuentes (cerca de donde
hoy se encuentra la Venta de Tajahierro), siguiendo uno de los ramales
dirección a Barcena Mayor (por Venta de Mobejo) y el otro hacia
Los Tojos (por Tambuey y Venta del Mostajo), encontrándose de nuevo
a la altura de Correpoco, desde donde, por Llendemozó, llegaría
a Renedo de Cabuérniga, siguiendo desde aquí el curso del
río hasta la hoz de Santa Lucía, que el camino salvaría
sobreelevándose en la margen derecha del Saja. A la salida del
estrecho, se bifurcaría en dos ramales, uno que cruzaría
el río hacia Cabezón de la Sal, Udías, Ruiseñada
y Comillas, y otro que, por Cos, Mazcuerras y Barcenaciones, conduciría
a Suances (Portus Blendium).
Aunque de cronología dudosa, quizás también sea
de la misma época la variante que desde Valle o Ruente enlazaba
con el valle del Nansa a través de la Collada de Carmona o la que
atravesaba la sierra del Escudo de Cabuérniga por la Cambera de
los Moros hacia Treceño.
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