Rutas

Monte Ucieda. Entrerríos - Jou de la Collá - Alto de Espinera - Braña Zarza - La Cotera - Entrerríos

Desde la Casa del Monte, una vez más nos situamos en la pista que sigue aguas arriba hasta el lugar de Entrerríos. Allí pasamos, a la derecha, el Puente de Rozas; tenemos una zona de acampada libre a un lado y al otro un pequeño aparcamiento de coches. Por detrás de éste se ve una pista antigua por la que empieza nuestro ascenso a la sombra del húmedo bosque.

En apenas quince minutos nos aproximamos a La Garmuca, un grupo de prados con dos invernales que dejamos a la izquierda. En el resto de esta subida encontraremos tramos de bosque, zonas despejadas y varíos prados con estropeadas tapias; puede haber alguna confusión, ya que en ciertos lugares aparecen hasta tres caminos distintos. En cualquier caso, siempre hay que caminar por el vértice de la loma o pernal, sin dejarse llevar por las laderas que caen hacia los lados.

Al cabo de una hora se llega a las ruinas del pueblo de Rozas, abandonado hace un par de siglos y devorado por los bosques; crecen en el lugar robles, hayas, acebos, espinos, perales y manzanos silvestres. De los antiguos habitantes de este lugar se contaban algunas leyendas: se dice que bajaban a Ucieda en grandes chivos y que la misa del domingo nunca empezaba antes de que ellos llegaran.

Media hora más arriba llegamos al Jou de la Collá, nos sale allí al paso una verde braña y una bonita cabaña con tejado de césped. Desde aquí hay que bajar una suave cuesta y después seguir avanzando sin cambiar de dirección.

Más arriba la loma se estrecha y desemboca en una cuesta de brezo, por la que la vieja cambera va dando curvas medio perdida en la maleza. Algo más de dos horas tardaremos en llegar a la pista principal del valle. La seguimos hacia la izquierda hasta llegar a la Braña Leonzón, situada en un collado que abre paso al valle de Viana.

Al llegar a este lugar abandonaremos la pista y nos dirigiremos a la izquierda, hacia la cuenca de cabecera del río Lar o de los Vados. Hay que encontrar una senda que, aunque pequeña, aparece bien marcada. Dejándonos llevar por ella iniciaremos un agradable recorrido por los pequeños arroyos que más abajo forman el río principal; vamos entrando y saliendo de varias canales, hasta concluir en la braña La Raíz. Nos situamos así en la divisoria de dos valles; si comenzamos a andar por este cordal hacia la izquierda (norte) llegaremos al oeste el Monte Ucieda y sus aguas vertientes al río Saja; al este queda el valle de Cieza cuyas aguas van al Besaya.

La marcha por estas cumbres es cómoda: el único alto reseñable se puede evitar tomando un camino a su derecha, por la linde del bosque. Pasamos por una braña y llegamos a Brañazarza, lugar en el que se conserva alguna cabaña. Desde aquí iniciaremos el regreso; por debajo de la cabaña hay que buscar una pista vieja y mal conservada. Si damos con ella no tendremos problema para ir descendiendo suavemente hasta otra braña, La Cotera, por cuya parte baja continua el camino, ya más claro.

Finalmente desembocamos en una pista mayor que, hacia abajo, nos llevará sin perdida hasta un arroyo y hasta el punto de partida. La cambera que hemos usado ignora la pista mayor y continua, también cuesta abajo, de forma más directa; si se prefiere nos puede servir como atajo, ya que sin confusión conduce al Puente de la Cotera, por donde cruza el citado arroyo. Aguas abajo nos espera nuestro punto de partida.

Ruente - Monte Aa - Ruente

Se trata de un ruta sencilla, con buenas vistas y visita a los 3 arboles singulares. El recorrido completo se realiza en aproxidamente 3 horas sin grandes desniveles. Un ruta apropiada para realizar con niños, ya que se trata de un recorrido por buena pista.

Nada más pasar el pueblo de Ruente, poco más allá del kilómetro 46 encontramos una pista a la derecha, que allí mismo cruza el río Saja y avanza hacia el oeste, más que pista carretera, ya que tiene el firme de asfalto durante algo más de un kilómetro. Otro puente nos pasa sobre le Arroyo de Monteá, tras el cual ignoramos un desvío a la derecha.

Comenzamos aquí la marcha, con el Arroyo de Monteá a la izquierda y un pinar al otro lado. En las orillas crecen avellanos, alisos, sauces y castaños. Pronto llegamos a una zona de prados y una nave para ganado donde acaba el asfalto; hay que dejar varias rutas secundarias a los lados y seguir la principal, que cruza el río varias veces; zonas de pinar se alternan con bosque autóctono, aunque este va adquiriendo mayor presencia a medida que avanzamos. En unos tres cuartos de hora llegamos a una pronunciada curva a la derecha (dejando otra pista a la izquierda), en la que propiamente empieza el ascenso a través de Monte Aa, bosque que cubre buena parte de esta ladera. Según algunos estudios el extraño nombre de este bosque tiene origen celta y viene a significar algo así como Monte del Agua. En otra curva queda a un lado el Pro del Toro Roza, amplio pastizal con un invernal en medio. Seguimos subiendo hasta dar, al cabo de una hora, con una curva más, a la izquierda; un cartel nos indica la direción en la que se encuentran tres árboles legendarios cada uno con su nombre: Mellizo, Cubilón y Belen; una senda nos acerca a estos tres robles hoy ya tumbados en el suel o y bastante estropeados.

A partir de aquí, la pista hace una subida larga pero muy suave, junto a hayas y robles de gran tamaño; así llegamos, tras una hora y media de caminata, al Collado de Monteá, ocupado por prados con cercas: en la otra vertiente, la que da al río Nansa, numerosos invernales salpican la ladera y, abajo, se divisa el barrio de San Pedro, inmediado el pueblo de Carmona. Hacia el oeste se disfruta de una bella panorámica de la Sierra de Peña Sagra.

Desde el Collado de Monteá seguimos hacia la izquierda la pista principal por la que hemos llegado. Nos lleva, en un recorrido llano y sencillo, por toda la ladera opuesta, ocupada por pastos, algunos retazos de bosque y varios prados con invernales; pronto dejamos un desvío a la izquierda y seguimos adelante hasta llegar a un encrucijada en la que elegimos el ramal de la izquierda (antes conviene subir un poco hacia la derecha y asomarse al otro lado de la cuesta: por encima de un pinar enocntramos una bonita vista de los pueblos de Barcenillas, Lamiña y otros, así como buena parte del valle).

Bajamos pues por la pista que hemos elegido, con buenas vistas sobre la ladera de Monteá, y ya sin pérdida descendemos hasta la pista principal que viene por el fondo del valle. Siguiéndola hacia la derecha llegamos al punto de partida tras algo más de tres horas de marcha.